En nuestros artículos anteriores vimos la importancia de mantener una relación armoniosa entre el huésped, nuestro cuerpo, y los microorganismos que viven en él. En esta ocasión hablaremos sobre la alimentación de estos pequeños residentes y el papel que cumplen los prebióticos.
A lo largo de nuestra vida, diferentes microorganismos llegan a ocupar distintas zonas del cuerpo y forman comunidades diversas. Cada una de estas comunidades participa en funciones importantes para el organismo.
El intestino alberga una de las poblaciones de microorganismos más grandes y diversas del cuerpo humano. También contiene una extensa red de neuronas, una gran concentración de células relacionadas con el sistema inmunitario y estructuras que intervienen en la digestión, la absorción de nutrientes y la comunicación con otros órganos.
Podemos comparar este ecosistema con el desarrollo de las antiguas civilizaciones. Muchas comunidades humanas se establecieron cerca de ríos y fuentes de agua dulce, ya que estas permitían cultivar alimentos y mantener una vegetación abundante.
Con el paso del tiempo, los seres humanos aprendieron a cultivar la tierra y a aprovechar los recursos naturales. De manera similar, los microorganismos de nuestro cuerpo se adaptaron para utilizar determinados componentes de los alimentos que nuestro sistema digestivo no puede procesar completamente.
La alimentación y la microbiota
Todos los seres vivos necesitan alimentarse para sobrevivir. A lo largo de la evolución, las personas han desarrollado diferentes formas de obtener alimentos, desde la recolección y la caza hasta la agricultura y la producción industrial.
Esta evolución también ha influido en los microorganismos que viven en nuestro cuerpo. Muchas bacterias intestinales han desarrollado la capacidad de aprovechar componentes de los alimentos que nosotros no podemos digerir completamente, especialmente algunos tipos de fibra.
Al utilizar estos componentes, los microorganismos producen distintas sustancias, como los ácidos grasos de cadena corta, que pueden intervenir en el equilibrio del entorno intestinal y en diferentes procesos del organismo.
¿Qué son los prebióticos?
En los últimos años se ha reconocido la importancia de determinados componentes de los alimentos vegetales que sirven como alimento para algunos microorganismos beneficiosos del intestino. Estos componentes reciben el nombre de prebióticos.
En 2017, la Asociación Científica Internacional de Probióticos y Prebióticos, conocida como ISAPP, publicó un documento de consenso en el que definió un prebiótico como:
“Un sustrato que es utilizado selectivamente por los microorganismos del huésped y que confiere un beneficio para la salud”.
Esto significa que no todo tipo de fibra o sustancia que llega al intestino puede considerarse automáticamente un prebiótico. Para recibir esta denominación, debe ser utilizada selectivamente por determinados microorganismos y demostrar un efecto beneficioso para el huésped.
El documento también señala que un prebiótico debe favorecer principalmente la actividad de microorganismos asociados con efectos positivos dentro del ecosistema del huésped.
¿Dónde actúan los prebióticos?
La mayoría de los prebióticos estudiados se consume por vía oral y actúa principalmente sobre la microbiota intestinal. Sin embargo, también se investiga su posible aplicación en otras zonas del cuerpo colonizadas por microorganismos, como la piel y el tracto vaginal.
Los efectos de los prebióticos siguen siendo objeto de investigación. Algunos estudios han analizado su relación con diferentes áreas de la salud:
- Salud gastrointestinal: pueden favorecer el crecimiento de determinados microorganismos beneficiosos y ayudar a mantener el equilibrio del entorno intestinal.
- Respuesta inmunitaria: algunos productos del metabolismo microbiano pueden interactuar con células del sistema inmunitario.
- Salud cardiometabólica: se estudia su posible relación con los niveles de lípidos en sangre, el metabolismo de la glucosa y la sensibilidad a la insulina.
- Eje intestino-cerebro: algunos metabolitos producidos por la microbiota pueden participar en la comunicación entre el intestino y el sistema nervioso.
- Salud ósea: determinados prebióticos pueden contribuir a mejorar la disponibilidad y absorción de algunos minerales.
Estos posibles efectos no son iguales para todas las personas ni para todos los tipos de prebióticos. Sus resultados pueden depender de la composición de la microbiota, la alimentación, la edad, el estado de salud y otros factores individuales.
La evidencia científica sobre los prebióticos
Demostrar una relación directa de causa y efecto entre un prebiótico, un cambio específico en la microbiota y un beneficio para la salud puede ser complejo.
Para evaluar estos efectos se necesitan estudios controlados en humanos o animales, con criterios claros de participación, grupos de comparación y mediciones objetivas de los cambios en la microbiota y en los indicadores de salud.
Cuando una intervención produce un cambio concreto en determinados microorganismos y, al mismo tiempo, se observa una modificación consistente en un indicador de salud, se puede plantear una posible relación. Sin embargo, esta debe confirmarse mediante más investigaciones.
¿Todos los prebióticos son fibras?
Los prebióticos mejor establecidos científicamente se basan principalmente en carbohidratos no digeribles, como algunos tipos de fibra.
Entre los compuestos más estudiados se encuentran:
- Inulina.
- Fructooligosacáridos.
- Galactooligosacáridos.
- Almidón resistente.
- Determinadas fibras fermentables.
También se investiga si otros compuestos, como algunos polifenoles y ácidos grasos poliinsaturados, podrían cumplir con la definición de prebiótico. Para ello, sería necesario demostrar que son utilizados selectivamente por la microbiota y que generan un beneficio comprobable en el huésped.
Alimentar a nuestros pequeños habitantes
En nuestro interior viven numerosos microorganismos que necesitan un entorno adecuado y una alimentación favorable para mantener su equilibrio.
Cuando consumimos alimentos ricos en diferentes tipos de fibra, no solo alimentamos nuestro cuerpo. También aportamos componentes que determinadas bacterias intestinales pueden utilizar para crecer y realizar sus funciones.
Algunas fuentes naturales de fibra y compuestos prebióticos son:
- Ajo.
- Cebolla.
- Puerro.
- Espárragos.
- Alcachofa.
- Plátano.
- Avena.
- Legumbres.
- Semillas.
- Frutas y verduras variadas.
La variedad es importante, ya que diferentes microorganismos pueden aprovechar distintos tipos de fibras y nutrientes. Una alimentación diversa ayuda a sostener una comunidad microbiana igualmente diversa.
El equilibrio empieza con la alimentación
Cuidar nuestra alimentación es una de las formas de favorecer el equilibrio del organismo y de los microorganismos que viven en él.
No se trata de alimentar únicamente al cuerpo visible, sino también al ecosistema microscópico que participa en la digestión, la transformación de nutrientes y otras funciones importantes.
Cada día aprendemos un poco más sobre los microorganismos de nuestro interior, sus necesidades y la relación que mantienen con nuestra salud.
Referencias
Gibson, G.; Hutkins, R.; Sanders, M. y otros. Expert consensus document: The International Scientific Association for Probiotics and Prebiotics consensus statement on the definition and scope of prebiotics. Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology, volumen 14, páginas 491–502, 2017. Consultar publicación .








