Mi Fauna Interior

Mi Fauna Interior

Como comentamos en el artículo anterior sobre nuestro ecosistema interior, la población de microorganismos que habita nuestro cuerpo ha sido conocida popularmente como flora intestinal.

Sin embargo, surge una pregunta interesante: ¿realmente deberíamos llamarla flora o sería más apropiado hablar de fauna? Después de todo, estos microorganismos son seres vivos que se desarrollan, interactúan y realizan diferentes funciones dentro de nuestro organismo.

Actualmente, el término más adecuado para referirnos a esta comunidad es microbiota. Esta incluye bacterias, virus, arqueas, hongos y otros microorganismos que habitan distintas zonas del cuerpo.

Un ecosistema dentro de nosotros

Así como en el ecosistema exterior existe una amplia diversidad de plantas, animales y microorganismos que contribuyen al equilibrio del planeta, dentro de nuestro cuerpo también encontramos comunidades que dependen unas de otras.

En la naturaleza, las plantas pueden depender de los insectos para la polinización, mientras que estos obtienen alimento y refugio de las plantas. De forma similar, los microorganismos de nuestro interior dependen de los nutrientes que les proporcionamos mediante la alimentación.

A cambio, muchas de estas comunidades participan en funciones importantes, como la digestión de ciertos alimentos, la producción de determinadas sustancias, la interacción con el sistema inmunitario y la protección frente a algunos microorganismos potencialmente perjudiciales.

Diversas investigaciones estudian la relación entre los desequilibrios de la microbiota, conocidos como disbiosis, y diferentes alteraciones de la salud. 1


La microbiota está formada por una gran diversidad de microorganismos que habitan nuestro cuerpo.

¿Quiénes forman nuestra microbiota?

Al igual que en la naturaleza existen diferentes especies de plantas y animales, nuestro organismo alberga una gran variedad de microorganismos.

Entre ellos se encuentran:

  • Bacterias.
  • Virus.
  • Arqueas.
  • Hongos y levaduras.
  • Otros microorganismos microscópicos.

Estas comunidades se establecen en diferentes zonas del cuerpo, como:

  • La boca.
  • La piel.
  • El intestino.
  • Las vías respiratorias.
  • El tracto genitourinario.
  • Otras superficies y mucosas del organismo.

Cada zona ofrece condiciones particulares de temperatura, humedad, nutrientes, oxígeno y acidez. Por esta razón, las comunidades microbianas de la piel no son iguales a las del intestino o la boca.

¿Cuántos microorganismos viven en nuestro cuerpo?

Durante muchos años se afirmó que las bacterias del cuerpo superaban a las células humanas en una proporción de diez a uno. Las estimaciones actuales consideran que ambas cantidades son más cercanas entre sí y que pueden variar según la edad, el tamaño corporal y otros factores.

Aun así, la cantidad de microorganismos que habita nuestro organismo es enorme. Su presencia es especialmente abundante en el intestino grueso, donde encuentran condiciones favorables para vivir y aprovechar los componentes de los alimentos que llegan hasta allí.

La diversidad de la microbiota cambia a lo largo de la vida. Durante los primeros años se desarrolla rápidamente y puede seguir modificándose en función de la alimentación, el entorno, los medicamentos, el estilo de vida y el estado de salud.

En la edad adulta suele alcanzar una mayor estabilidad, aunque no permanece completamente inmóvil. Con el envejecimiento también pueden producirse cambios en su diversidad y composición.

La distribución de nuestra fauna interior

Se han identificado cientos de especies de microorganismos asociados con el cuerpo humano. Sin embargo, no todas las personas poseen exactamente las mismas especies ni en las mismas proporciones.

Entre los grupos bacterianos más estudiados en el intestino se encuentran:

  • Firmicutes.
  • Bacteroidetes.
  • Actinobacteria.
  • Proteobacteria.

La proporción de estos grupos puede cambiar de una persona a otra y también puede verse influida por la edad, la dieta, el entorno, los hábitos y el uso de medicamentos.

Cuando estas comunidades mantienen una relación relativamente estable y cumplen sus funciones de forma adecuada, hablamos de un estado de equilibrio conocido como eubiosis.


La eubiosis describe un estado de equilibrio dentro del ecosistema microbiano.

¿Cómo podemos cuidar este equilibrio?

Al igual que los seres vivos de cualquier ecosistema, los microorganismos necesitan determinadas condiciones para desarrollarse.

Nuestra microbiota depende de factores como:

  • La alimentación.
  • La disponibilidad de fibra y otros nutrientes.
  • El pH del entorno.
  • La temperatura.
  • La hidratación.
  • El uso de medicamentos.
  • El descanso y la actividad física.
  • La exposición a diferentes ambientes.

La alimentación es uno de los factores que más puede influir en la composición de la microbiota intestinal. Una dieta variada, rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y otras fuentes de fibra puede proporcionar alimento para diferentes grupos de microorganismos.

Además de la dieta, en algunos casos se utilizan productos que contienen probióticos. Sin embargo, sus efectos dependen de la cepa utilizada, la cantidad, el producto y las necesidades de cada persona.

¿Qué son los probióticos?

Los probióticos se definen como microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud del huésped.

Para que un producto pueda considerarse probiótico no basta con que contenga microorganismos vivos. También debe identificarse la cepa, mantenerse una cantidad adecuada hasta el momento del consumo y existir evidencia sobre el beneficio que se le atribuye.

Los probióticos pueden encontrarse en ciertos alimentos fermentados y en suplementos desarrollados específicamente para este propósito.

Alimentos fermentados

Los alimentos fermentados han acompañado a la humanidad durante miles de años. Muchos surgieron probablemente de manera accidental, cuando diferentes comunidades observaron que la fermentación podía modificar el sabor, la textura y la conservación de los alimentos.

Algunos ejemplos de alimentos fermentados son:

  • Yogur.
  • Kéfir.
  • Chucrut.
  • Kimchi.
  • Kombucha.
  • Miso.
  • Tempeh.
  • Encurtidos fermentados.
  • Pan de masa madre.

No todos los alimentos fermentados conservan microorganismos vivos al momento de consumirlos. Algunos son cocidos, filtrados o pasteurizados después de la fermentación.

Por esta razón, un alimento fermentado no debe considerarse automáticamente probiótico. Para que lo sea, debe contener microorganismos específicos con beneficios demostrados y en cantidades adecuadas.

Para conocer más sobre estos procesos, puedes revisar nuestros artículos sobre el yogur y el mundo de la fermentación .

Suplementos con probióticos

Los probióticos también pueden encontrarse en suplementos presentados en diferentes formatos:

  • Cápsulas.
  • Polvos.
  • Gomitas.
  • Ampollas o bebidas.
  • Sobres liofilizados.

Estos productos pueden contener una o varias cepas de microorganismos y expresar su cantidad mediante unidades formadoras de colonias, conocidas como UFC.

Una mayor cantidad de UFC no significa necesariamente que el producto sea mejor. La efectividad depende principalmente de la cepa, la dosis estudiada, la conservación adecuada y el objetivo para el que se utiliza.

En personas con enfermedades graves, defensas comprometidas o tratamientos médicos complejos, el consumo de suplementos probióticos debe consultarse con un profesional de la salud.

Cuidar nuestra ecología interior

En este artículo conocimos un poco más sobre la comunidad de microorganismos que habita nuestro cuerpo y sobre la importancia de mantener un entorno favorable para su desarrollo.

Nuestra microbiota no es un conjunto aislado. Forma parte de un ecosistema que interactúa constantemente con la alimentación, el sistema inmunitario, el metabolismo y diferentes funciones del organismo.

Cuidarla implica mantener una alimentación variada, evitar el uso innecesario de antibióticos, descansar adecuadamente y adoptar hábitos que favorezcan la salud general.

En el siguiente artículo conoceremos nuestro pasto interior . ¿Sabes qué es y por qué resulta tan importante para nuestros pequeños habitantes?

Referencias

  1. La Fata, G.; Weber, P.; Mohajeri, M. H. Probiotics and the Gut Immune System: Indirect Regulation. Probiotics and Antimicrobial Proteins, 2018; 10(1): 11-21. Consultar publicación .
  2. Merino, R. J. A.; Taracena, P. S.; Díaz, G. E. J.; Rodríguez, W. F. L. Microbiota intestinal: “el órgano olvidado”. Acta Médica, 2021; 19(1): 92-100. Consultar publicación .